Todos los martes de 10 a 11 am por El Canal Musical de Radio Nacional de Venezuela.
El día 26 de abril de 2011 el historiador Eloy Reverón visitó la emisora para conversar con Gilberto Merchán sobre el alcance de la Realidad Histórica como fundamento para la Teoría de la Historia de la Revolución Bolivariana.
martes, 3 de mayo de 2011
martes, 22 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Después de la Batalla de Carabobo ¿Vivimos felices para siempre? Eloy Reverón

(Foto Eloy Reverón 2006)
El interés de la oligarquía conservadora en crear la ilusión de una independencia genuina se refleja en su historiografía. Insistió en celebrar cada fecha gloriosa para marcar un hito en el tiempo y repetir hasta grabar en cada generación que esa libertad valía más que la toda la sangre derramada durante un tiempo tan prolongado.
Los terratenientes y comerciantes adularon al general Páez como garante del régimen conservador celebraron con el mayor entusiasmo el triunfo de Carabobo y la historia de los héroes. Manejaban con discreción que sus intereses estaban ligados al comercio marítimo británico amenazado por las flotas hispanas desde los puertos de Cuba y Puerto Rico, a cuya protección clamaba con frecuencia Páez a Sir Robert Ker Porter, cónsul británico en la Guaira.
La paz anunciada después de la batalla de Carabobo fue efímera porque el problema esencial no era tanto la dependencia de España como la exclusión y la injusticia social. Las causas socio económicas de la explosión social continuaban vigentes. Las guerras civiles continuarían a lo largo y ancho del siglo refinanciando las deudas de cada guerra con nuevos empréstitos.
Apenas España reconocía la independencia política de Venezuela, los nuevos conquistadores británicos ya estaban cruzando hacia esta ribera del Esequibo vibrador, con el fin de explotar las minas de oro, que irónicamente irían a los bancos que financiaban nuestras guerras intestinas.
Con la gloria y el heroísmo de nuestro gentilicio, tendríamos las bases para construir la nueva nacionalidad, pero sobre todo: que a nadie se le ocurriera pensar en la independencia integral. Lo tangible se expresaba en campos arrasados por el fuego y el saqueo. Curiosamente la producción y exportación de Cacao continuó marcando cifras.
Para la oligarquía conservadora significaba establecer el cese de hostilidades a fin de construir el piso político para la consolidación de la libertad de comercio, del control y administración del poder político para continuar explotando la mano de obra esclava y mantener la estructura económica colonial dentro del nuevo balance de poderes derivado de la derrota de Napoleón en Waterloo.
La historiografía oficial de la Oligarquía desconoció las raíces sociales de la guerra, nadie pudo evitar los continuos estallidos sociales que se generaron durante todo el siglo XIX, y cesaron momentáneamente con la imposición de la férrea dictadura presidida por Cipriano Castro, y su administrador logístico, su patrocinador y compadre Juan Vicente Gómez que después lo sacó de su negocio.
Las guerras civiles se apoderaron de la vida política durante cien años. Los godos siempre negaron que las guerras llamadas de independencia fueron guerras civiles, resultado de estallido social, o una reacción violenta de los sectores excluidos de la sociedad contra los dueños de la Casa Grande, los mantuanos o blancos criollos, y de los blancos criollos contra los privilegios de los funcionarios de la metrópolis. Poco se observa el carácter internacional que adquiere con los ejércitos de Morillo y los mercenarios británicos que continuaron ejerciendo sus funciones hasta la expulsión de los ejércitos españoles del último rincón continental.
Una vez derrotados en Carabobo, esos mismos realistas se incorporaron a la sociedad, y tal como lo señalara Simón Rodríguez, no hubo independencia sino un armisticio. La clásica godorria regresaba a reestablecer sus privilegios, y la legión de los héroes libertadores trató de acomodarse en la nueva sociedad neo colonizada por las deudas de la guerra.
Los héroes de la Independencia venezolana constituyeron una nueva clase terrateniente que obtuvo su independencia política con armas compradas a crédito que el país estuvo pagando durante un siglo, cien años de guerra, y cada vez que la Casa Grande se llenaba de gente descontenta, la clase dominante renovaba su proyecto de sociedad maquillando el mismo modo de producción colonialista.
Es cierto que redujo el número de excluidos y se ampliaron las condiciones para ingresar a la Casa Grande, pero los prejuicios y la ideología colonialista perduraron, porque los dueños de los medios de producción conservaron la estructura productiva en función de los mercados metropolitanos.
La Conquista no habrá terminado hasta que la mentalidad colonial no desaparezca por completo. Por lo tanto, la Historia de la Resistencia, es la historia de una descendencia histórica que consciente o inconscientemente se ha resistido al poder de esa prosopopeya goda aliada con los intereses foráneos que miran jubilosos como suben las cifras de crecimiento económico, mientras los demás de mueren de hambre.
Es la historia de un conflicto entre un sector que pretende implantar variaciones de un mismo modelo colonialista, y otro sector que se resiste. El primero dividió la historia para que los incautos creyeran que la Conquista y la Independencia habían terminado porque éramos libres y felices.
Pero si se pretende penetrar la esencia de los hechos o situaciones planteadas en virtud de su proyección para darle sentido y explicarnos el presente, tendremos que resistir primero al recuerdo falsificado del pasado, para tener una visión clara del socialismo del Siglo XXI.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Simón Rodríguez, psicoterapeuta del Libertador por Eloy Reverón
Moisés Feldman, psiquiatra que dedicó gran parte de su vida al estudio de la psicología de los próceres de la Independencia. Presentó su estudio “Simón Rodríguez como Psicoterapeuta del Libertador” con motivo a celebrarse ese año de 1971, el bicentenario del nacimiento del filósofo caraqueño. Fue presentado en la Sociedad Venezolana de Psiquiatría y publicado en su libro: Las crisis psicológicas de Simón Bolívar, publicado siete años más tarde, por la editorial Nuestra Psiquiatría.
Dicha publicación obedecía a un proyecto emprendido por Luis Razetti en 1915 destinado estudiar desde el punto de vista médico psiquiátrico de la personalidad, ideas y conducta de Simón Bolívar; y corresponde a la presentación de cuatro estudios, que desde 1961, presentó en sucesivos congresos de psiquiatría motivado por “la angustia bolivariana, denominador común del alma venezolana, …, (Feldman: 1978)
En el primero de los ensayos (en orden cronológico) elabora un resumen de los estudios psicológicos sobre Simón Bolívar, elaborados hasta 1961. En el segundo se ocupó de las influencias psíquicas y morales en la evolución de la última enfermedad del Libertador, publicado en el número 25, 1963, de la Revista de la Soc Ven de Historia de la Medicina; el tercero estudió a Simón Rodríguez como psicoterapeuta del Libertador de las crisis de la infancia y adolescencia, presentado en 1974.
Advierte el autor que antaño, después de piaches, brujos y líderes religiosos, los maestros y los filósofos funcionaron como precursores de los psicoterapeutas. Lo interesante de Feldman es que ofrece una visión, mucho más amplia de lo que podría ser un estudio histórico tradicional, y que no solo reconoce lo resbaloso del terreno de la historia para hacer estudios psiquiátricos, sino que al exponer la utilidad de los ingredientes psicoterapéuticos que existen en el curso de la vida y de la historia, advierte el peligro de alienarla si se queda como un reducto de especialistas y técnicos.
Continúa situando al lector en el tema de las crisis psicológicas, en las cuales Rodríguez se portó con Bolívar como los buenos filósofos de antaño, lo atendió durante aquellas encrucijadas de su vida que pudieron decidir para el futuro de su salud mental. En este sentido Rodríguez jugó un papel crucial por su rol terapéutico, quién además de este papel resulta un personaje de múltiple interés psicológico, pero resaltando que no por la fama de loco que la historiografía anecdótica había cultivado y que la psiquiatría ya contaba con argumentos para desecharla. Exalta el conocimiento poético de Aquiles Nazoa cuando calificó al filósofo como picassiano: siempre muchacho, mas no enmuchachecido, por la bondad de amigos, peludo y en chancletas por necesidad y no por pose; … demonio de la educación y trotamundos sin pizca de vergüenza.” Elogia Feldman la manera como Don Aquiles pintó la libertad, la originalidad y la desalienación que lo caracterizaba como contribución a su fama de loco. Le agregaría que el descalificativo le venía porque su saber era una amenaza para los poderes establecidos.
Nos presenta el psiquiatra una dosis de las ideas y personalidad de Rodríguez que nos permiten entender cómo pudo actuar como psicoterapeuta del Libertador. Halaga los diagnósticos que Rodríguez captó de la situación americana y europea en sus puntos clave y en términos crudos señala fallas y adelanta correcciones: “También su comprensión de la dramática crisis de Bolívar a los 12 años fue clara y profunda y su intervención fue efectiva, oportuna y salvadora.”
En el taller Mirandiano de Apreciación histórica hemos tenido oportunidad de discutir el sentido pedagógico de Simón Rodríguez. En los textos desarrollados para el Taller hemos dedicado un capítulo a la obra de este notable filósofo nuestroamericano cuyos testimonios lo revelan como uno de los hombres despiertos que dejaron testimonio escrito de la realidad de su tiempo y del nuestro.
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Simón Rodriguez
jueves, 30 de abril de 2009
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